Al salir de clase, lo primero que escucho es música. Algunos la tocan y otros la interpretan, pero es música al fin y al cabo, y hay una gran relación entre esta y mi carrera.
Al bajar las escalas, veo pasar los estudiantes de artes plásticas, no los veo muy bien por el afán que llevan sus pasos, pero miro los cuadros que cargan entre sus brazos, y para mí eso es más importante que conocer sus rostros, porque eso que cargan en pedazos de tela con madera, son su verdadera cara, sin máscaras ni ataduras y lo que hace frente por ellos en cualquier lugar y espacio.
Caminando hacia el Museo Universitario, escucho los estudiantes de música ensayar las notas en su chelo. Definitivamente están ensayando, porque repiten una y otra vez la misma melodía, pero no se me hace aburrido, al contrario, creo que cada vez que la repiten la oigo mejor que la anterior. Y siento unas incontenibles ganas de aplaudir, pero solo se aplaude al final de la obra y está todavía no ha terminado.
Más allá, en la plazoleta Barrientos, hay un grupo de estudiantes de Teatro en medio de un Performance, Lazos y cuerdas de colores es lo único que utilizan en medio de su actuación, en frente de miradas burlonas, personas fugaces y actitudes desprevenidas.
Regreso a la facultad listo para ensayar con mis compañeros, y me pregunto existirá alguna persona que me observe con la misma fascinación?
Claro que sí, cada vez que das una brazada en el mar, el mundo te observa observándolo.
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